Cuando una estatua de 27 metros no asusta.
Sadrac, Mesac y Abed-nego contestaron:
Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos delante de usted. Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su majestad; pero aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado.
Daniel 3:16-17-18.
Aunque en nuestra debilidad intentamos ser fuertes ante situaciones que nos asustan o nos paralizan, el pecado que mora en nosotros, y la independencia que mostramos en ocasiones al tomar decisiones sin la dirección de Dios nos recuerdan que somos tan vulnerables, tan miedosos y tan incapaces de salir adelante en dificultades que nos desafían.
Dios no desconoce esa humanidad. El hombre es quien una y otra vez vuelve a "descubrir" que no puede. Pero ¿que necesita el hombre para ser fuerte en su alma?.¿Que necesita el hombre para levantar el rostro ante el enemigo y no temer?. ¿Que necesitamos nosotros para mostrar firmeza ante el enemigo?
Necesitamos al Señor Jesuscristo.
Aquellos muchachos de Judá en la época imperial de Babilonia fueron llevados ante un sistema que asustaba. Sus reyes, sus grandes palacios, sus grandes muros, su gran sistema, su gran ciudad, y sus grandes riquezas se podían comer a sus visitantes en apenas una pequeña caminata de turista.
Nadie se podía resistir ante las luces y el poder de Babilonia. Su gran rey babilonio, no tenía que pedir pleitesía, bastaba con bajar de su poderosa silla y dar unos pasos, para mirar de rodillas a todos aquellos siervos arrodillados ante su poderío y grandeza.
¿Que esperaremos de los nuevos conquistados de Judá? lo mismo dirían todos. Excepto que entre los cautivos vengan hombres de verdad, que no se asusten ante la potencia enemiga.
Sadrac, Mesac y Abed-nego eran de esa estirpe.
Criados en el temor del Dios de Israel, críados en la fe, y criados en convicción, fueron la piedra de tropiezo para un Nabucodonosor que daba por sentado que nadie en la tierra le negaría la adoración que el pedía para si mismo, y para su estatua de oro.
Los 3 jóvenes no tuvieron que hacer una reunión para tomar la decisión, no oraron, ni pidieron un receso para resolver la amenaza.
Ellos, con rostro erguido, mirada firme, y corazón seguro dijeron: No necesitamos defendernos delante de usted...si el horno esta listo, con gusto vamos. Dios nos puede librar, pero si El hoy no lo hace, tampoco piense que nos doblaremos ante tal estatua, porque ella no nos asusta. Fuimos creados para adorar a Dios solamente, y a nadie más.
Creo que la historia y su final es bien conocida entre ustedes hermanos, (Daniel 3). Pero tal historia vuelve a traer a nuestra vida cristiana grandes enseñanzas.
- Antes que nada los creyentes debemos de recordar que fuimos creados para la Gloria de Dios, y que nuestra devoción es única y exclusiva para el Señor. (Isaías 43:6-7)
- Que en este mundo no hay nada ni nadie que nos pueda separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. ( Romanos 8:38).
- En el mundo puede haber un sistema que nos incite o nos invite a postrarnos ante lo pagano y lo sucio de este mundo (ídolos), pero dice Daniel capitulo 1:8, que ellos propusieron en su corazón no contaminarse con aquel sistema, así que en nuestro corazón debe haber una propuesta de no ceder ante las estatuas de este siglo.
- Entender que no siempre a los cristianos les puede ir bien, pues aquellos 3 muchachos manejaban la opción de no ser libertados por Dios, pero aunque no hubiera respuesta de liberación, ellos estaban convencidos de morir aquel dia por el Señor.
- La convicción de Sadrac, Mesac y Abed-nego nos debe animar a amar a Dios con todo nuestro corazón y no entregar ningún tipo de adoración a ídolos de esta tierra que perecen y que no son eternos.

