martes, 28 de abril de 2026

Imitadores modernos de Nabucodonosor. Pastor Randall Gamboa.

 ¿No es ésta la gran Babilonia que edifiqué con la fuerza de mi poder?

Daniel 4:30


        Nunca deja de sorprendernos algunas historias de la biblia, aunque la leamos una y otra vez. 
       Hay historias que son fáciles de olvidar, pero hay otras que nos marcan, y hace que sobre pensemos de más en ellas, pues quedamos impactados cuando la estudiamos.
   
      La locura de Nabucodonosor en el capítulo 4, y su desenlace bestial hace que pensemos muchisimas cosas en tan solo un momento. 

      Por ejemplo: el orgullo de los hombres, o bien la arrogancia de los hombres llamados "grandes", el cuidado a la hora de hablar envanecidamente, la presunción y arrogancia de los hombres, el poder politico de los hombres modernos, y el contraste de Jesucristo con todos aquellos.

     Dice la narrativa biblica del profeta Daniel, que Nabucodonosor ya había sido advertido por medio de señales asombrosas (sueño de la gran imagen revelado, y los muchachos rescatados del horno), que Dios era, Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios,      (Daniel 2:47), pero que aún así y pasado el tiempo, aquel monarca babilonio olvidó muy rápido darle Gloria a Dios, y el cielo no tardaría en darle una lección de quebrantamiento para recordárselo.

     El poder político y conquistador de Nabucodonosor era evidente, y en medio de aquella atmósfera imperial Dios hizo llegar a unos jóvenes hebreos, de buen testimonio, para asomar a aquel rey su gran poder. 
        Aún así, un día el rey paseando en su palacio real, observó la grandeza de su imperio, y no tardó en pensar, como piensan los necios subordinados y nacidos de hombres, que aquello había sido obra de sus propias manosresultado de su indudable poder.

     Aquella prepotencia del rey, (similar a la de su descendiente y principe Belsasar a quien unos dedos de una mano de hombre le escribirían en la pared del palacio real para hacerlo temblar de miedo), tendría su fin para mostrar siempre a todos los hombres, grandes y pequeños, y en cualquier rincón de la tierra, que la Gloria es solo de Dios.
  
     No había terminado de hablar Nabucodonosor, cuando una voz del cielo (4:31), le sentenció a quedar como un animal en los propios jardínes de su gran palacio, para mostrarle a el mismo, a la familia real, a sus servidores, y a su pueblo, que su gran y respetado monarca había quedado como una bestia, y que comía pasto como los bueyes (4:33), por haberse olvidado de darle la Gloria a Dios.

¿Pero que podemos aprender de esta historia ocurrida hace unos 2.700 años atrás? 

     Aunque es un texto antiguo, y la época pertenece a un tiempo de cautiverio hebreo, el texto de Daniel y la locura de Nabucodonosor nos trasmite un principio inviolable y digno de observar con cuidado.

  • Aunque nosotros no somos reyes, en pequeñas cosas podemos olvidar de darle la Gloria a Dios y llenarnos de orgullo.
  • Aunque no vivimos en un palacio, las bendiciones que Dios nos ha dado como la casa, el trabajo, o una profesión bonita, pueden terminar siendo objeto de culto de parte de nosotros, olvidandonos del don de Dios.
  • Aunque no nos paseamos en en los pasillos del palacio real, podemos hacer un paseo en nuestro pensamiento diciéndonos a nosotros mismos que hemos llegado hasta aquí gracias a nuestro esfuerzo personal.
  • Y aunque no somos grandes conquistadores como Nabucodonosor, podemos ser tan arrogantes en nuestros propios razonamientos, y tan olvidadizos a la vez, creyendo que las decisiones personales, asuntos de negocios, manejo de familia lo podemos hacer sin tomar en cuenta a Dios.
Recordemos una vez más las palabras de Moisés a los hijos de Israel, en Deuteronomio 8:11 cuando les dijo: "Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos..."

    Hermanos míos, no olvidemos que de Dios es toda la Gloria, y solo El merece honor.  No seamos imitadores de aquel rey soberbio que no miró al cielo, para que su aquel pago no lo recibamos también nosotros.


Pastor Randall Gamboa Guillén.
San José, CR.
teléfono 8984 9097.













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