lunes, 15 de junio de 2026

El peligro de vivir "cristianamente" sin Esperanza. Pastor Randall Gamboa Guillén.

  El peligro de vivir "cristianamente" sin Esperanza


 Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación...

I Pedro 1:16-19.


No somos mejores que aquellos hombres de la biblia. No lo somos.

No somos mejores que aquellos que cruzaron mares, enfermaron y murieron predicando el evangelio de Salvación para quien no había oído jamás. No lo somos.

Aún no somos mejores que nuestros abuelos, que nos instruyeron con la biblia contándonos acerca del cielo que nos esperaba. No lo somos.

Y más cerca, no somos mejores que los maestros y predicadores del evangelio de finales del siglo pasado, donde su sermón podía tener fácilmente más del 70% un mensaje de esperanza glorioso que nos esperaba a todos los que confiábamos en Cristo, pero no, no lo somos.

La posmodernidad, y el globalismo ha cacheteado a la iglesia, y ella no ha podido reaccionar.

Jesús caminó en ella y habló de ella, (esperanza). El enseñó a sus hombres, sus contemporáneos, y a sus discipulos que el reino había llegado y que se consumaría allá "En Su propio Hogar" allá, más allá del sol.

El dijo también en San Juan 14, que si creíamos en Dios, que creyerámos en El, que en su casa muchas moradas había, y que El las prepararía para todos aquellos los que creemos. Y en Mateo 26:29 le dijo a sus discipulos después de tomar la cena, que el ya no la bebería más hasta qua la tome con ellos de nuevo en el reino de Su Padre.

Jesús no solo era El mismo esperanza, sino que trasmitió esperanza, y no mintió acerca de lo que nos espera allá en nuestro verdadero hogar. El les enseñó a vivir en este mundo, sin quitar los ojos de su verdadera casa, el cielo.

Los hombres del Antiguo Testamento miraron la Gloria de Dios, y antes de morir sabían que la abrazarían más allá después de su muerte. El libro de los hebreos dice que ellos saludaban de lejos esa Patria Gloriosa. La anhelaban, la ansiaban, la esperaban de tal forma que todo lo de esta tierra perdía sentido alguno, solamente por llegar allá.

Esteban la vió antes de morir. Dice Hechos 7:55 que Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió la Gloria de Dios y a Jesús que estaba a la diestra del Padre. Estaba listo Esteban para entrar a su Hogar.

Pablo dice en Romanos 15:4 Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. 

También el apóstol Pablo dijo en Filipenses 1:21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger.  Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. 

Y Pedro, (1 Pedro 1) animando y motivando a los creyentes perseguidos, les dice que a pesar de haber perdido mucho aquí en la tierra por causa de su Fe en Cristo, que no olvidarán que su fe había sido probada por el fuego para ser hallada en alabanza, gloria y honra cuando aparezca Cristo.

Para todos aquellos cristianos, y para los apóstoles el ya y el ahora era vivir y morir para Cristo para abrazar lo que seguía, una eternidad con Su Salvador.

Pero ese no es el mismo ya y ahora de la iglesia. Por eso decía ahora que no somos mejores.

No nos logramos recuperar de la hipnosis del mundo. Estamos casi que hechizados con todas las ofertas del mundo, mientras frecuentamos la iglesia de vez en cuando, simplemente para no decir: estamos apartados.

Estamos tan encadilados, que ya no vemos en el horizonte la esperanza que nos aguarda.

Parte de la iglesia hoy quitó hace mucho tiempo los ojos de la tierra prometida, para ponerlo en las hectáreas de terrenos de esta tierra. Quitó los ojos de la esperanza que no averguenza, para ponerlos en los aumentos y promociones laborales que nos disparen a ganar mucho dinero.

Parte de la Iglesia quitó la mirada del galardón, para ponerlo en su bienestar personal como el galardón que merezco y que todos deben ver. 

Algunos dejaron de ver aquel "ven buen siervo fiel...", para empezar a ver como pueden ser reconocidos y afamados por otros aquí en la tierra. O sea, dejamos de darle importancia a lo que el cielo piensa de mi, para darle importancia a la manita levantada de aprobación de alguien en una red social.

Lo anterior se puede conseguir claro, sin perder de vista la Esperanza. 

Parte de la Iglesia, ya no canta: te esperamos Señor Jesús. El Predicador olvidó la párabola de las 10 virgenes.

Los pasajes de la resurrección y la vida eterna han sido puestos a un lado, los estudios bíblicos nos llenan de conocimiento pero no de esperanza, y hemos cambiado el hablar de eternidad celestial por temas más "modernos", incluso los cristianos no quieren por temor hablar de la muerte, cuando en realidad los nacidos de nuevo nunca la conoceremos.

¿Que pasó con la esperanza que cargamos? ¿Donde la dejamos? si, aquella esperanza que nos hacía pedir perdón rápido, arreglar mi pecado con santidad. Si, aquella esperanza que nos hacía no perdernos nada de la iglesia, sino que amábamos correr donde ella y servir.

 Aquella esperanza que llenaba de temor de Dios todo el ser del cristiano, que le hacía sacudirse rápido del polvo de esta tierra enemiga. Aquella esperanza que quemaba con la obra del Espíritu Santo nuestra soberbia, nuestro pecado, y nuestra indiferencia en un solo momento de oración.

Aquella esperanza aún susurra en el oido de los cristianos diciendo: No eres de aquí, tu ciudadanía esta en los cielos, por aquí solo andas de paso, no te enamores de este lugar, tu verdadera casa te espera, no desempaques mucho que pronto volaremos.

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.    1 Juan 3:1-3 


Pastor Randall Gamboa



1 comentario:

  1. Amén Pastor Randall...
    Que lindo es saber que nuestra esperanza es Él... Esperar encontrarnos con él es la espera más anhelada, que Dios nos ayude a imitar a Jesucristo cada día de nuestra vida y nos haga anhelar ese encuentro para muchos que hoy lo necesitan, que seamos un instrumento en sus manos y nos ayude a poner en práctica su palabra y darle valor a lo que realmente importa.

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